Existe un gran número de propuestas dietéticas en función del objetivo que se quiera conseguir. La dieta hiperproteica es una dieta baja en calorías con un aporte mínimo de grasas cuya función es una pérdida de peso mantenida en el tiempo.
La obesidad se ha convertido en una pandemia a nivel mundial. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 2,8 millones de personas mueren cada año como resultado de padecer sobrepeso u obesidad. Concretamente, en España, el 62 por ciento de la población tiene exceso de peso, siendo más común en hombres que en mujeres y a medida que aumenta la edad.
La obesidad, y en menor medida el sobrepeso, son un factor de riesgo para sufrir enfermedades cardiovasculares, diabetes, hipertensión arterial e hipercolesterolemia. No obstante, los profesionales sanitarios recomiendan ciertas dietas, acompañadas de actividad física, para combatir estos problemas.
Según los expertos de Sanitas, la dieta de aporte proteico es una opción para la rápida y segura pérdida de peso, bajo control médico. De hecho, señalan que sus principales ventajas son:
En este sentido, explican que el tratamiento consta de seis fases. En las dos primeras, el paciente sustituye las ingestas por productos proteicos, especialmente elaborados para la dieta, acompañados por las verduras permitidas, y un suplemento de vitaminas y minerales.
A partir de la tercera fase, se incorpora poco a poco los diferentes grupos alimenticios, "con el único objetivo de que el paciente consiga su peso ideal y, sobre todo, adquiera hábitos alimenticios saludables que le ayuden a no recuperar el peso perdido", insisten.
Como indican los mismos especialistas, entre las ventajas estéticas que aporta este tipo de dieta se encuentran:
Mientras, otros expertos apuntan en un artículo de Elsevier que uno de los aspectos más preocupantes relacionados la dieta hiperproteica es que, a veces, se consigue el efecto contrario. "Tradicionalmente, las dietas hiperproteicas se han asociado a una mayor ingesta de grasas debido a que, en la mayoría de las dietas occidentales, elevadas ingestas proteicas vienen asociadas a un mayor consumo de productos cárnicos, en las que los grasas animales son abundantes".
Sin embargo, detallan que si esta dieta es administrada de forma aislada, sin recurrir a esas fuentes lipídicas produce un descenso de la energía total ingerida, favorece la pérdida de peso, reduce el acúmulo de grasa y mejora el perfil lipídico plasmático general, aumentando la protección frente a enfermedades coronarias y renales.
Con todo, advierten de que un consumo excesivo de proteína también podría tener un efecto renal adverso. Aunque no hay mucha evidencia científica al respecto, algunos investigadores determinan que este nivel de ingesta descontrolada podría promover el daño renal al incrementar la presión glomerular y provocar una hiperfiltración renal. Igualmente, defienden que cuando aumenta la ingesta proteica disminuye la densidad mineral ósea.
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