¿Puede un bebé de 4 meses comer fruta?

alimentación bebé

Las frutas proporcionan vitaminas, minerales, almidón y fibra.

La leche materna o de fórmula debería seguir siendo la principal fuente nutritiva hasta el primer año

Sara Cabrero
Se lee en 3 minutos

La alimentación complementaria es el proceso por el cual se empieza a introducir alimentos sólidos o líquidos distintos de la leche materna o artificial en la nutrición de un lactante. Tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Asociación Española de Pediatría (AEP) coinciden en que este hábito debe comenzar a partir del sexto mes, pues es cuando el organismo de nuestro pequeño cuenta con un desarrollo madurativo y psicomotor apropiado para ello. Así, se desaconseja la ingesta de frutas en bebés de 4 meses.

Según los pediatras, la leche materna o de fórmula debería seguir siendo la principal fuente nutritiva del bebé durante el primer año de vida. De hecho, recomiendan que, si es posible, mantenerla durante el segundo año o hasta que la madre desee. No obstante, reconocen que, a partir de los seis meses, éstas pueden no aportar la energía y los nutrientes suficientes y, en consecuencia, se hace necesaria la incorporación de otros alimentos.

De este modo, la alimentación complementaria evita los déficits de micronutrientes y disminuye el riesgo de desarrollar alergias alimentarias. En el caso concreto de frutas y verduras, especialistas en Atención Primaria y Especializada señalan en una guía de Patología Digestiva Pediátrica que éstas proporcionan vitaminas, minerales, almidón y fibra, así como una fuente muy importante de vitamina A, C y B6. "Por lo tanto, es aconsejable la alimentación con frutas frescas y verduras variadas a diario y así satisfacer las recomendaciones nutricionales", señalan.

¿Pueden comer fruta los bebés de 4 meses?

Como hemos comentado anteriormente, se recomienda mantener la lactancia materna de forma exclusiva durante los seis primeros meses de vida y, solo entonces, añadir de forma paulatina el resto de los alimentos. Una introducción muy precoz, advierte la AEP, puede conllevar riesgos a corto y largo plazo:

  • Posibilidad de atragantamiento
  • Aumento de gastroenteritis agudas e infecciones del tracto respiratorio superior
  • Mayor riesgo de obesidad, eccema atópico y/o diabetes mellitus tipo 1
  • Aumento de la tasa de destete precoz

No obstante, también es peligroso que ésta sea tardía porque el bebé podría desarrollar carencias nutricionales, sobre todo de hierro y zinc, alergias e intolerancias alimentarias, así como una peor aceptación de nuevos sabores y texturas y una alteración de las habilidades motoras orales.

Es por esta razón que los expertos insisten en seguir los tiempos marcados y, llegado el momento, introducir siempre los nuevos alimentos en pequeñas cantidades, realizando los cambios, ya sean cuantitativos o cualitativos, de forma individualizada, lenta y progresiva.

"La forma habitual es ir complementando, de una en una, las tomas de leche que recibe el lactante separando la introducción de los nuevos de alimentos, al menos, tres días", detallan. De esta forma, el niño se va adaptando poco a poco a los nuevos sabores y es más fácil detectar qué alimento específico es el causante de los eventuales problemas que puedan presentarse (alergia o intolerancia).

Por otro lado, puntualizan que es preferible evitar el consumo de bebidas azucaradas y zumos de frutas antes del año de vida y subrayan que no debe añadirse azúcar, miel ni edulcorantes para facilitar el proceso.

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